EL DÍA QUE NO VINO PABLO ALBO

Nos dejaron una maleta con libros escritos por Pablo y los repartimos. 
Había justo diez libros y nosotros éramos sólo diez ese día en clase de tercero. Pensamos que era una buena idea empezar a leer cada uno de nosotros un libro suyo.
La profe repartíó folios para que escribieramos el título del libro que habíamos leído y nuestro sentimiento o emoción después de leerlo.
Cuando un compañero acababa dejaba su libro en la mesa de la profe y cogía otro, de forma que siempre podíamos leer un libro nuevo.
A veces, nos tocaba esperar un minuto y se hacía larguísimo el tiempo porque teníamos muchas ganas de leer el siguiente.
Al final leímos 100 libros en total y teníamos la cabeza llena de títulos, personajes y emociones.
Casi no podíamos bajar al recreo. No cabíamos por la puerta del aula. Llevabamos puestos espantapájaros, veletas, 37 tortugas y un gato con arbol y todo. Nos quemaba la sopa nos hacíamos gigantes poco a poco. La luna ladrona nos estaba robando el recreo. Nos parecía que estábamos en la peligrosa casa horrible. Nos sentíamos lejos de todo y de todos. Pero felices, metidos en las historias de Pablo Albo. Como pollos sin cabeza, después de haber explotado millones de emociones en nuestros corazones, hicimos una torre con todos los libros encima de la mesa de la mestra. Y entonces vino el Tragaldabas y se los comió todos. Ahora no queremos dejarle marchar.

La clase de 3º de primaria.